BUSCANDO LA CIUDAD, Willians Ojeda Garcia


Don Luis Jiménez fue uno de los fieles custodios de las ruinas de San Felipe El Fuerte tal como lo apreciamos en esta interesante fotografía del baúl de recuerdos lograda por Erling Salvador Pulido donde aparece entre los muros de la otrora ciudad colonial destruida por un terremoto en 1812.
Jiménez nos decía que en la zona de Valle Hondo y mas allá hay restos escondidos de la vieja ciudad. Muchísimas fueron las personas inquietas que se metieron y se siguen metiendo por aquellos lugares olvidados tratando de dar con el paradero de algunos restos ocultos en la tierra que cubre un manto de hojarasca desde que fue colapsada la ciudad tras la vibración sísmica.
No sólo ha despertado curiosidad aquella zona de Valle Hondo y El Panteón sino conciencia porque allí hay un bosque urbano que ha servido de resguardo 
a ese patrimonio de la historia, a pocos metros donde 
nací por lo que tengo sobradas motivaciones para amar a San Felipe.
En los alrededores de las ruinas donde se levantó un bosque casi desprotegido y castigada por la avaricia del hombre empeñada en mutilar un reservorio de amor, de naturaleza y de historia donde aun se buscan despojos perdidos de una ciudad que nunca murió a pesar de aquella hecatombe. Nadie quiere pensar que la zona la había secuestrado el desprecio dado por la voraz intervención a que fue sometida por la irresponsabilidad ,acción contraria a lo que representan esos vestigios de identidad que a lo mejor agonizan dejado de la tierra y aunque son tesoros que la justicia no ve y tal vez no sienta siguen desandando en las entrañas de un suelo bendito y de un bosque que las esconde a lo mejor protegiéndola de la locura 
para así mantenerla como legado perpetuo en
historia de todos. Nos alegra que se tomen medidas para frenar el abuso, a la intervención de una zona histórica.
Muchas veces tomamos, como tantos otros, el 
camino profundo atravesando montes y la oscurana montañosa guiados por las inquietudes del sol abrazándonos a ese paisaje encantado donde aquella tragedia de jueves Santo no pudo acabar con su belleza.
Y más allá nos encontrábamos con tres quebradas que se unían a nosotros donde los pájaros son centinelas de una cruz aun parada en su fé haciéndose promesa honda a orillas de matorrales por donde se pasean misterios y leyendas oyéndose las aguas de ¨El Chorrito que contribuyen alimentar esas historias del barrio aprendidas por bocas de la 
gente.
Idaly, hija también del barrio Ël Panteón, me decía que don Luis Jiménez fue un fabulador extraordinario , campesino y guardián eterno de aquellos muros, de aquellas calles y de aquellos ladrillos y de esas piedras que tímidamente sostienen restos de iglesia donde años después creció un enorme Samàn que muchos conocen como Obispo ¨. 
Pero en los restos diseminados en tantos lugares está la otra cara de la vieja ciudad porque no hay profundidades, ni en la tierra ni en el mar ni en ninguna parte, que borren la presencia de San Felipe ¨EL Fuerte¨
Quien sabe cuántas generaciones habrán resumidas en esos sitios donde la naturaleza herida entra desde hace rato en convivencia patrimonial con la antropología y la arqueología ,donde hay todo para un abordaje no sólo para la crónica también a todos los 
pensamientos para que se hagan historia de pueblo.
Es un ámbito lleno de espiritualidad que tiene un significado importante que pueden servir para los equilibrios de los pueblos. Por algo la curiosidad y las inquietudes persisten motivadas a indagar por descubrir restos perdidos de la ciudad colonial..Son parcelas estremecidas por el sismo que sienten su dolor donde seguramente existen tesoros de una ciudad extendida que nos fue heredada. 
Posiblemente habrán pedazos de esos tesoros metidos en cuevas subterráneas de aquel templo de puertas abiertas que se derrumbó al momento de la liturgia que a nombre de Cristo celebraba el Vicario de la Iglesia Nuestra Señora de la Presentación, presbítero Bernardo Mateo Brizòn ,esa tarde de dolor
.Porque luego de moverse la tierra en cuestión de segundos vino la creciente del río Yurubí lavando los tumultos de escombros y huesos con muchas otras riquezas para llevárselas entre el lodo de la tragedia hacia la corriente del río grande yaracuyano, rumbo al 
mar.
Y nosotros encontramos esa ciudad, no del modo que lo hicieron los invasores colonialistas que la habían soñado para extraerle sus riquezas y frutos. La hemos hallado como la encontró Idaly porque tenemos en el pecho el corazón oculto de aquella ciudad, la ciudad que seguimos buscando para continuar amañandola y la que unos anarquistas acribillan a plena luz.
Y la crónica tiene mucho que hacer porque es parte de 
esa historia, es hija de la ciudad. Pudiéramos decir sin asumir posturas de nada, que la ciudad que buscamos es esa crónica sembrada. Es ella, somos todos. Es la misma ciudad que siempre llevamos, la que jamás se perdió porque nunca se ha apartado de nosotros, está en el alma.
Algún día cuando encuentren lo que muchos buscan será el triunfo de la vida, la victoria de nuestra ciudad que aún lucha, la que nunca se durmió. 
Hay un patrimonio sembrado con semillas en flores eternas porque San Felipe hoy más que nunca sigue en pie y en aquellas columnatas aun vestidas de púrpura de la Iglesia Nuestra Señora de la Presentación donde el tiempo se entrega, no hay gemas

de lamentos sino un corazón vibrante de alegría.
La alegría de vivir.
Centro de Historia del Estado Yaracuy-ICEY
williansyaracuy@hotmail.com 0416-8518838


Domingo 09 de Octubre 2016
San Felipe,Estado Yaracuy-Venezuela 
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