Venezolanos en Ecuador: el hambre que camina por América Latina


Tulcán (Ecuador) (EFE) / Daniela Brik.- Un hombre famélico, con sus vestimentas color hollín y zapatillas roídas, camina solo, con paso firme y portando un petate, en dirección al puente de Rumichaca, entre Ecuador y Colombia; es una de esas tantas puertas de la esperanza para los venezolanos que huyen del hambre y la pobreza.
“El sueldo no me alcanzaba para comprar medicinas y decidí salir de Venezuela para ayudar a mi mamá”, afirma antes de romper a llorar por su situación, que comparten los cerca de 2.000 a 3.000 compatriotas, hasta 5.000 en los días álgidos, que cruzan este límite.Con dos hendiduras a ambos lados del rostro, que dibujan el contorno de su mandíbula y la piel quemada por el sol y las inclemencias de la cordillera andina, este venezolano de nombre Fredy Ramón Castillo, 60 años, ha recorrido más de 2.000 kilómetros desde Valencia, estado Carabobo, hasta el principal acceso a Ecuador y lleva ocho días caminando.
Es una frontera que solo en 2018 fue atravesada por más de un millón de venezolanos, de los que más de 220.000 no registraron su salida del país por puertos oficiales, según datos oficiales.
Venezuela afronta en el último lustro una grave crisis económica, agravada por la escasez de comida, medicinas, productos básicos y servicios como electricidad o agua potable, inseguridad, que ha llevado a más de 4 millones a dejar su país y engrosar el movimiento más grande y rápido de personas en la historia reciente de Latinoamérica.
Ecuador es el cuarto receptor de venezolanos en América Latina después de Colombia, Perú y Chile, y tiene una población estimada de más de 300.000, cifra que podría acercarse al medio millón para finales de año, según vaticina su Cancillería.
Es además el país que recibe a más emigrantes en proporción a su extensión territorial y número de habitantes de la región.
Cada día cerca de una veintena de autobuses llegan a la divisoria con Ecuador procedentes de Colombia, donde comienza el éxodo por la región sudamericana, aunque numerosos individuos solos o en grupo hacen el recorrido a pie.
Es el caso de media docena de hombres y mujeres en la veintena, que alcanzan casi desmayados el límite territorial con dos bebés y sus vidas en apenas dos maletas con ruedas y varios bultos que se han ido turnando en cargar en su largo trecho.
“Comenzamos hace 19 días”, refiere a Efe Edison Mendoza, del estado de Lara, con su hija de año y medio dormida en su regazo.
Su objetivo también es llegar a la capital peruana, donde tienen familiares, tras haber descartado Ecuador, “porque no tener nada que comer nos ha motivado a recorrer todo esto, y lo que nos falta”.
De acuerdo a un reciente informe de seguimiento del flujo de la población venezolana en Ecuador de la Organización Internacional (OIM), el 54,4 % de los venezolanos inició su viaje entre 1 y 7 días antes de llegar a los principales puestos fronterizos, siendo el costo promedio del mismo entre 100 y 500 dólares.
Asimismo el 46,3 % viaja solo, el 42,9 % con familiares y el 10,6 % con un grupo no familiar, y el 33,8 % de los encuestados en la frontera expresó su deseo de permanecer en el país, el 52,3 % planea radicarse en Perú y el 12,4 % en Chile.
Con una economía dolarizada y un envío regular de remesas a Venezuela que promedia los 20 dólares, Ecuador se ha tornado para muchos en una opción donde empezar de cero.
El perfil de los que en estos momentos ingresan a este país está cambiando respecto a los últimos años, según subrayan los organismos internacionales, con un aumento de las mujeres (44,7 %), y en su gran mayoría con el bachillerato acabado (43,6 %), cuando en años precedentes solían hacerlo un mayor número de licenciados.
“Podemos decir que en una primera etapa de la movilidad fueron los cabezas de familia, y ahora desde hace un año tuvieron sus recursos económicos y pueden hacer la reunificación familiar”, indica a Efe Vladimir Velasco, director distrital del Ministerio ecuatoriano de Inclusión Social (MIES) en la ciudad fronteriza de Tulcán, aledaña a Rumichaca.
A escasos metros del puente internacional, en la divisoria común, un autobús fletado por la OIM efectúa su última parada del trayecto desde Colombia y a sus escalerillas, un trabajador del organismo informa a los pasajeros venezolanos que descienden que se separen en grupos en función de los que se quedan en Ecuador y los que siguen recorrido a Perú, que desde el sábado exige visado humanitario.
Junto al grupo de recién llegados, tres jóvenes maleteros venezolanos esperan sacarse unas monedas ayudándoles a cargar sus pertenencias hasta el área donde deben proceder a regular su documentación.
Reciben pesos y dólares de la nueva modalidad de pasajeros emigrantes, que les dan para tirar, “algunos días llegamos, otros no” refiere Lewis Cuello, de Caracas, si tienen suerte incluso envían algo a la familia en la República Bolivariana.
A ambos lados del cruce varios habitáculos de organizaciones internacionales como Acnur, Unicef, Cruz Roja Internacional, Programa Mundial de Alimentos, ONG, Gobiernos locales y Cancillerías, se han convertido para muchos de los viajeros en parada y fonda en su trayecto.
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