Calabozos policiales son “infiernos de hambre y enfermedades”


especial Carlos D´Hoy / foto: El Carabobeño.- “Después de haber vivido esa pesadilla – mi hijo estuvo preso por 80 días – no puedo hacer otra cosa que agradecerle a Dios que finalmente se terminó, que mi hijo salió de ese infierno de hambre y enfermedades”.
A pesar de que no quiso suministrar su nombre, para evitarle nuevos problemas a su hijo, la señora Rodríguez destacó que en su caso el resultado fue mucho mejor que la mayoría, “y aun así mi hijo perdió 40 kilos en esos días en que estuvo preso”.
Destacó que en gran medida fue debido a que pudo estar casi al 100% apoyando a su hijo. “En mi trabajo me dieron vacaciones, no dejé solo a mi hijo, pero la mayoría de los que estaban detenidos junto a él no tenían esa suerte. Muchos tenían semanas sin recibir visitas y por lo tanto tampoco recibían comida”.
Esos 80 días, en los que diariamente tuvo que ir hasta la sede de la Policía Municipal de Vargas, conoció los casos de muchas familias que no tenían dinero para trasladarse por lo que solo llevaban comida a sus familiares tres veces a la semana.
Los presos saben lo difícil que está la cosa, por eso hacen una especie de pote del que todos comen, “así pueden sobrevivir”.
Concluye recordando que cuando su hijo recobró la libertad, estaba flaco, débil y con sarna. “Antes era un muchacho sano fuerte, deportista… ese infierno lo cambió”.
El hambre se concentra en los calabozos policiales
Humberto Prado, coordinador del Observatorio Venezolano de Prisiones, insiste en la gravedad del problema de la alimentación de los detenidos en los calabozos policiales. “Tenemos reportes de personas que cuando fueron detenidas pesaban más de cien kilos y a los dos meses habían perdido hasta la mitad de su peso, o sea llegaron a pesar 50 kilos”.
“Venezuela enfrenta una crisis bárbara y si las cosas están mal en las calles, es peor en las cárceles. La mayoría de los presos son de condiciones económicas bajas y si sus familias no estaban bien antes de la detención, el encarcelamiento multiplicó las complicaciones para esa familia, incrementó los gastos y los esfuerzos que deben hacer sus familiares para salir adelante”.
Los detenidos saben eso y ante esa realidad, en la mayoría de los casos, se ingenian soluciones, por ejemplo “comparten la comida, hacen un pote para que la mayoría pueda comer y aun cuando las raciones son más pequeñas, al menos comen diariamente” asegura Prado.
“Los fritos”: presos que nadie entierra
Quienes la pasan peor en los calabozos son los llamados “fritos”. Se trata de detenidos que no tienen familia que los ayude, que se desentendieron de él, o viven en otra entidad y no pueden trasladarse hasta donde está detenido. “Se comieron la flecha”, infringiendo las normas impuestas por el pran o jefe de la celda, o cometieron delitos que los presos consideran faltas graves .
“Hay múltiples razones por las que un preso termine abandonado en las cárceles y esos son los que mueren lentamente, van deteriorándose poco a poco: primero el hambre, luego se enferman, más tarde llega la tuberculosis, la hepatitis, llega la pulmonía y van cayendo”.
Lo más grave es la indolencia de las autoridades que no los llevan a centros de salud; van viendo como mueren día a día hasta que cualquier cosa, por insignificante que sea, termina matándolos, mueren en silencio como consecuencia del hambre y del abandono, asegura.
Lo grave es que no hay una cifra real de estos casos. Cuando el Senamecf hace las autopsias a los cadáveres de esos presos, los informes terminan indicando una causa de muerte genérica, un paro cardíaco por ejemplo, pero no dicen que la causa del paro fue por desnutrición. Además esos cuerpos no son retirados por no tener familiares que realicen los trámites, esos cadáveres terminan en fosas comunes, nadie se entera de esas muertes, nadie los extraña” concluye Prado.
Más de 500 minicárceles
Carlos Nieto Palma, de la organización no gubernamental Una Ventana a la Libertad, destaca que la situación narrada por la madre del exdetenido no es única. “Lamentablemente afecta a más de 45 mil reos que están olvidados en los calabozos policiales”.
“Es una realidad que se repite en más de 500 minicárceles que el gobierno indirectamente creó en todo el país al prohibir el traslado de detenidos sin la autorización previa del Ministerio del Servicio Penitenciario”, sentencia.
Explicó que el problema del hambre en los centros de detención o calabozos policiales es un tema complejo que abarca mucho más que el hecho de no tener recursos para comprar comida, “implica una irresponsabilidad del Estado al abandonar a más de 40 mil personas a su suerte, es una violación grave a los Derechos Humanos de los presos, no se trata de responsabilidades que pueden evadirse tan fácilmente”.
La dieta china
Al preguntarle sobre la propaganda que hace el Ministerio de Servicio Penitenciario sobre el éxito del régimen implementado en las cárceles controladas por esa instancia gubernamental, Nieto dijo que a pesar de que ha sido presentado por la ministra Iris Varela como “el mejor servicio penitenciario del mundo”, todos sabemes que “allí los presos tampoco están bien”.
La situación de hambre se repite en estos centros de reclusión con la salvedad de que la comida la da el Ministerio, “hemos hablado con personas que han salido de esas cárceles y nos relatan que son alimentados con lo ellos llaman la dieta china, que consiste en una taza de arroz al día”.
La mentira de cero reincidencia
Por su parte,Prado califica de mentira lo anunciado por la ministra Varela sobre la reincidencia cero de los egresados de las cárceles administradas por ella. “Claro que hay reincidencia, sólo que los reincidentes van directo a los calabozos policiales, ella ni se entera de eso, no les importa, Varela vive en una fantasía, mientras los presos mueren de hambre y por hechos violentos en todo el país”.
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