En Sudán cayó Omar al Bashir pero no su régimen


Jartum (EFE) / Al Nur al Zaki.- Omar al Bashir hubiera cumplido este domingo 30 años en el poder, al que accedió con un golpe de Estado en 1989 contra Sadiq Al Mahdi, un aniversario que él recordará en la prisión de Kober, aunque el régimen que le acompañó todo este tiempo aún sigue en el poder.
Al Bashir y otras 23 figuras de su régimen están detenidos y acusados de diversos delitos desde el golpe que el pasado 11 de abril acabó con su mandato.
Hoy el exdictador se enfrenta incluso a una demanda por socavar el orden constitucional por el golpe que protagonizó hace tres décadas, sin embargo la mayor parte de un régimen que se sustenta en el Ejército que le apoyó a lo largo de su mandato sigue dirigiendo los destinos de Sudán.
La junta militar que lo depuso y asumió el poder tras apartarle de la presidencia maneja el país.
El Partido del Congreso Nacional
Al Bashir se apoyó en el Partido del Congreso Nacional para gobernar hasta que fue depuesto en la revuelta de hace menos de tres meses.
Tras un primer intento por que se le incluyera en la etapa de transición y ante la negativa de los partidos y grupos que protagonizaron las movilizaciones contra Al Bashir, hoy esa formación se ha desvanecido de la escena política y evalúa cómo seguir de aquí en adelante.
Oficialmente uno de sus dirigentes, Abdulrahman al Jader, explicó a Efe que la formación ha elegido un nuevo liderazgo, que ha decidido “evitar una escalada” en la confrontación para “contribuir a la estabilidad” del país, al mismo tiempo que se ha centrado en reorganizar su estructura interna.
Entre bambalinas, un miembro de la dirección del partido, que pidió el anonimato, dijo a Efe que están estudiando la posibilidad de disolver el partido, formar uno nuevo con otro nombre y liderazgo y prepararse para las elecciones que tendrán lugar tras la etapa transitoria.
El movimiento islamita sin Al Bashir
El Partido del Congreso Nacional nació en 1993 a raíz del movimiento islámico de Hasan Turabi, principal apoyo ideológico de Al Bashir cuando dio el golpe de Estado, aunque a finales de los 90 su relación se agrió y el presidente disolvió el Parlamento y expulsó a sus correligionarios del partido.
“Los islamistas cambian su piel en cada etapa para deshacerse de los errores y de la imagen” que los ciudadanos tienen de ellos, explica a Efe el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Africana Internacional de Jartum, Asim al Tiyani.
Son “pragmáticos” y saben adaptarse al “espíritu de cada época” y “hacer concesiones para evitar el aislamiento y la exclusión” de la política, agrega.
El analista político Jaled al Tiyani, cree, por su parte, que los islamistas “deben asumir toda la responsabilidad de su fracaso con valentía” y que esta no recaiga sólo sobre Al Bashir.
En su opinión, los islamistas no se atrevieron a criticar su experiencia en el poder y acusaron a Al Bashir de ser el único culpable del fracaso de su Gobierno de 30 años, lo cual ha llevado a la caída en desgracia del mandatario y del movimiento.
“Si no reconocen su responsabilidad ahora, esto complicará su futuro. El mayor problema es que llegaron al poder y lo mantuvieron por la fuerza. Entonces, cuando hablen en el futuro de democracia y elecciones, el pueblo sudanés tendrá sus dudas”, remacha el analista.
Al Bashir en la cárcel, pero lejos de la justicia internacional
Al Bashir procede de las filas del Ejército, que durante sus casi 30 años de mandato le apoyó, le protegió y se benefició de los privilegios que le concedía el gobernante, que muchas veces aparecía en público con el uniforme.
Tras anunciar su derrocamiento, los militares pusieron bajo arresto a Al Bashir y pocos días después lo trasladaron a la cárcel de Kober, donde está en una habitación privada y recibe un “buen trato”, según la gubernamental Comisión de Derechos Humanos de Sudán.
Las autoridades sudanesas comenzaron las investigaciones contra Al Bashir desde el primer momento, pero los generales han asegurado repetidamente que no lo entregarán a la Corte Penal Internacional, que le acusa de genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad por supuestos ataques contra la población civil durante el conflicto de Darfur, entre 2003 y 2008.
El exmandatario, que en Darfur y otros conflictos armados empleó a milicias y métodos brutales para aplastar las rebeliones y que también reprimió la última contestación que se dio contra él en las calles del país en 2013, de momento sólo ha sido acusado formalmente de posesión de fondos extranjeros y enriquecimiento ilegal. EFE
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