Antonio Sánchez García: Me parte el alma reconocer que Guaidó no ha estado a la altura


especial Enrique Meléndez .- El filósofo Antonio Sánchez García cree que Juan Guaidó y Leopoldo López no son el tipo de líderes que luchan por la libertad sino por el poder, una crítica que – recuerda – ya hizo Winston Churchill décadas atrás
“Yo creo que es hora de que en estos meses de reiterados fracasos, Juan Gaidó comprenda que aquí sino hay mediación de la fuerza; si la política no recupera su vocación de poder, perderemos la República, que ya está casi perdida, y es terrible; porque han sido seis o siete meses perdidos: una oportunidad de oro que lo pudo haber puesto a él a las alturas de Simón Bolívar, y lo ha puesto realmente a las alturas de un Menem o de cualquier otro politicastro latinoamericano. Lo mismo sucede con Leopoldo”, agrega el también columnista de El Nacional y ND.
¿Cuáles son las consecuencias de las medidas que acaba de adoptar Donald Trump de bloquear los activos e intereses del gobierno de Nicolás Maduro en los EEUU?
-En primer lugar, honra Donald Trump su palabra de impedir la entronización de la tiranía venezolana encabezada por Nicolás Maduro, y toma las medidas que están a su alcance; que en el fondo se traducen en la asfixia del régimen, y, por otra parte, todavía más importante, desarma uno de los argumentos de Juan Guaidó sobre la protección de los bienes de Venezuela en los EEUU.
-De manera que Citgo está garantizada y yo espero que ello impida que el gobierno interino (de Guaidó) continúe su política de pagar deudas espurias que deberían ser desconocidas. Y ahí toco un tema muy importante. Yo pienso que el gran problema de Juan Guaidó es que contrariamente a lo que está haciendo Donald Trump y lo que están haciendo quienes en el mundo respaldan nuestra lucha democrática, es que va al diálogo y paga deudas: son dos señales de extrema debilidad que jamás debió haberse permitido.
-Leí hace poco una importantísima frase de Whiston Churchill: “Esta guerra no es por la gloria. Esta guerra es por la libertad”. Y lo que nosotros necesitamos son líderes capaces de enfrentar esta guerra por la libertad. Me parte el alma tener que reconocer que ni Leopoldo López ni Juan Guaidó son de esa madera de líderes. Ellos luchan por el poder. No luchan por la libertad. Ellos luchan por asumir lo que sea el legado de esta pesadilla.
-No luchan por abrirles las puertas de Venezuela a un futuro de esplendor, como el que se merece.
Pero, ¿no es la propia diplomacia estadounidense forzando a Guaidó a participar en el diálogo?
-No. Está clarísimo: lo ha dicho John Bolton y lo ha dicho el mismo Donald Trump: no aceptan el diálogo. No creen en el diálogo. De manera que culpar al Departamento de Estado de EUU por la realización de los diálogos constituye una falacia. Es una infamia. Los EEUU saben, como debieran saber todas las democracias del mundo, que con un tirano no se dialoga, y eso lo estableció también con toda claridad Churchill cuando se opuso a los diálogos de los apaciguadores ingleses, en especial, Chamberlain, y en su lugar decidió la guerra.
-Yo creo que es hora de que en estos meses de reiterados fracasos, Juan Gaidó comprenda que aquí sino hay mediación de la fuerza; si la política no recupera su vocación de poder, perderemos la República, que ya está casi perdida, y es terrible; porque han sido seis o siete meses perdidos: una oportunidad de oro que lo pudo haber puesto a él a las alturas de Simón Bolívar, y lo ha puesto realmente a las alturas de un Menem o de cualquier otro politicastro latinoamericano. Lo mismo sucede con Leopoldo. Nunca olvidaré cuando una gran personalidad latinoamericana, el día que Leopoldo prefirió la casa que la cárcel, me dijo: pensábamos que era un Mandela, y nos ha resultado un Menem.
-Son hechos muy contundentes. En este momento no cabe otra política en Venezuela que la fuerza, la fuerza de un pueblo que esté dispuesto a luchar, como ha estado dispuesto por la libertad de Venezuela.
No obstante, los EEUU, según parece, no está muy dispuesto a encabezar una fuerza multinacional en Venezuela. ¿Qué piensa usted?
-Lo que está claro, y lo han dicho todos los protagonistas de esta tragedia que quieren evitar por todos los medios posibles una intervención humanitaria; que aquí, por cierto equivocadamente, se traduce en una intervención militar; pero yo pienso que estas medidas asumidas; esta decisión de bloqueo total al régimen es una suerte de intervención humanitaria que comienza a escalar la situación.
-Estamos en un proceso de escalamiento; del que sabemos como ha comenzado, pero del que no sabemos cómo va a culminar. Lo que es absolutamente cierto es que no va a culminar con la entronización de la dictadura. La dictadura va a caer; pero va a caer, tal vez, en un momento menos pensado; cosa que ninguno de nosotros; que no somos brujos ,lo sabemos. Pero esta dictadura miserable, misérrima, terrible… la peor crisis humanitaria vivida en América Latina en 200 años de independencia tiene los días contados.
-La paciencia; la tenacidad y el temple como acompañar esos días y seguir resistiendo. Yo espero que a una medida tan contundente de parte del Departamento de Estado se corresponda una actitud viril de parte de Juan Guaidó y, sobre todo, de parte de quien es su jefe inmediato, Leopoldo López.
¿Esas medidas en el fondo no estarán también llamadas a acentuar esa crisis humanitaria en Venezuela?
-En primer lugar, a quien afecta directamente esas medidas es al régimen; que va a tener que tragarse sus negociados y a los cobradores de deuda, de bonos que tendrán que quedarse con las billeteras vacías. El pueblo venezolano no puede sufrir más de lo que está sufriendo, y las medidas han determinado con toda claridad que no se impedirá ningún comercio favorable a la situación de sufrimiento del pueblo venezolano: medicinas, alimentos; incluso, repuestos; lo que está prohibido es negociar; seguir enriqueciéndose a costa del sufrimiento de los venezolanos.
-Que, por cierto, ya no es sólo el pueblo llano. El sufrimiento es todos los venezolanos y el presidente Trump ha tenido la certeza de hacer las cosas, sin dañar a quien tiene que dañar; que es a Nicolás Maduro y a través de Nicolás Maduro, a Raúl Castro y a esa tiranía espantosa que también debe ser superada; porque el destino de Venezuela debe ser el destino de Cuba; no en el sentido de convertirse en una tiranía sino en el sentido de liberarse.
Precisamente, Díaz Canel ha considerado estas medidas de Trump como un ensañamiento brutal. ¿Qué piensa usted?
-Más que el ensañamiento brutal que el robo cotidiano, sistemático y brutal que nos hacen los cubanos imposible. Se llevan más de cinco mil millones de dólares anuales; se llevan más de 40 mil barriles de petróleo diario; nos han desfalcado; se han robado todas nuestras riquezas y unidos a las pandillas turcas, rusas, iraníes y chinas se han apropiado hasta de nuestro oro.
-De manera que no es Cuba quien tiene que decir lo que está bien o lo que no está bien. Lo que tiene que hacer Cuba es salir de Venezuela cuanto antes para impedir que la situación se agrave, y prepararse; porque de la liberación de Venezuela vamos a la liberación de Cuba.
-El enemigo mortal de las democracias en la América Latina es el castro-comunismo. No es el capitalismo. Es el socialismo, y allí me refiero, directamente, a la izquierda socialista venezolana que debería tomar cartas en el asunto, y romper, como lo hiciera en su momento Felipe González, con toda veleidad marxista. Necesitamos declaraciones categóricas de parte de esta izquierda tolerante y alcahueta sobre la democracia, el capitalismo, el libre mercado y el emprendimiento porque ellas son las claves de la prosperidad y la libertad.
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