Chumico Romero se desnuda en cuerpo y alma


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La actriz Chumico Romero y sus contactos con la naturaleza. Esta vez desde el cerro El Ávila, en Caracas. (Foto: Armando Ramos)
Chumico Romero, la india maquiritare que un día bajó en curiara desde la selva del Amazonas, habló durante horas desde el teatro Chacaíto, donde imparte talleres de actuación. Recordó, para la serie #Legendarios, su participación en Miss Venezuela 1960, su incursión como chica de Renny Ottolina y luego como actriz dramática. Vestida solo con su verdad, dice: “Ahorré para mi retiro, pero la crisis política de Venezuela me rompió lo que había planificado para mi vida. Soy antirrevolución a muerte. Me tendrían que cambiar el cerebro para creer en los revolucionarios”.  
La historia es que yo, Chumico Romero, vengo de muy pobre, de la selva. Soy del pueblo yekuana en el Amazonas, una etnia con su propio dialecto. No soy waica, ni pertenezco a los pemones, ni a los yanomamis. Soy una india maquiritare. Nací por allá, por Parima, por donde están las montañas.

«A la ciudad llegué con mi mamá, que la trajeron unos misioneros. Ellos la llevaron a trabajar a una hacienda de cacao en Barlovento. No tengo tan claro ese viaje, sé que fue una travesía muy larga. Atravesamos caminos montadas a caballo, cruzamos ríos en curiaras y luego seguimos en autobús».


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Sentada en una de las butacas del teatro Chacaíto, donde ensayas dos obras de próximo estreno (Foto: Daniela Valentina Leal)

No puedo decir qué perdí dejando la selva porque estaba muy niña para evaluarlo. Tenía como cinco años. Sé que tengo familiares allá, lo que no sé es cómo llegar a ellos. Venirnos fue un beneficio social y agradezco el cambio de la selva a Caracas…
Un día, en Barlovento, mi mamá decidió que nos iríamos a Caracas. Ella murió en 2013. Se llamaba Sabina Romero. Bueno, realmente se llamaba Sabina Chiramo y yo Chumico Chiramo, así como el árbol chiramo, que es como un equivalente al árbol de chirimoya, pero perdimos el apellido porque mi madre fue rebautizada por los misioneros y adquirió ese nombre. Así fue como heredé el Romero.

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Como monja en la serie Robert y Akela. La imagen de al lado, en su etapa como modelo.

Los hechos importantes de mi vida han ocurrido por casualidad. Creo en el destino. Soy destinista. Nunca he buscado nada ¡Nada! Entonces, una vez estuve de visita en Puerto Ayacucho y buscaban a la representante del Amazonas para Miss Venezuela. Yo entré a ver el evento y el organizador, un periodista llamado Reinaldo Espinoza Herrera, me señaló y dijo ´Es ella`. Me convertí en Miss Amazonas 1960. Aquí para muchos fue una novedad tener una banda de Península Guajira en el Miss Venezuela (1988), pero en 1960 yo fui Miss Amazonas. ¿Qué les gustó de mí? No sé. Como no sabía nada del mundo del espectáculo me animé a participar porque me tomé aquello como un juego. No imaginé que ese certamen cambiaría totalmente mi vida.

«Para ese momento yo vivía en un rancho en San Agustín que tenía como puerta una tela metálica y después pasé a ser una estrella. Nadie puede decir que eso no fue un cambio en mi destino»: Chumico Romero, actriz.


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Con la banda de Amazonas, Chumico Romero enarboló la bandera de inclusión estableciendo un patrón de belleza étnico en la TV

Representé a Venezuela en el Reinado del Café en Manizales, en Colombia, y ahí desfilé en las tarimas que colocaron en las calles. En un momento alguien del público comentó ´Qué bella eres Venezuela´ y esa persona era Renny Ottolina. No sé qué hacía allá, pero parece que le llamé la atención porque me dijo ´Te quiero para mi show´. Yo solo me eché a reír. No sabía de su alcance en el medio.

«Renny me enseñó el mundo del entretenimiento. Yo era su india. Me puso profesores de baile y de actuación porque yo hacía las cosas al revés».

Si había que agarrar un artículo con una mano para presentarlo frente a las cámaras, yo lo hacía pero con las dos manos. Eso le gustó a él. Porque él también hacía las cosas al revés pero para impresionar, yo lo hacía por ignorancia. Pasé a ser conocida como la antimodelo.

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Luego de su incursión en Miss Venezuela, Renny Ottolina la incluye entre sus chicas de televisión


No sé si Marina Baura y Rosario Prieto fueron chicas de Renny. No recuerdo eso. Ya ellas hacían televisión. Lo que puedo decir es que cuando yo entré a trabajar con Renny, todas las mujeres eran cubanas y él estaba dando un cambio a sus chicas porque muchas de las que tenía,  no es que eran prostitutas, nada de eso, pero bailaban en bares o night club y él quería hacerlo de otro modo.

Chumico Romero: «Aunque soy un producto de Renny, a él nunca se le ocurrió ponerme el nombre de Chumico Chiramo».

Permíteme corregirte. No fui bella, soy bella. Siempre fui una muchacha bella, muy pero muy bella. Quizá mis triunfos no se deban a mi talento sino a mi belleza, aunque estés sorprendido por lo que estoy diciendo. Tal vez lo que más valoraron de mi fue la naturalidad. Fui la primera persona pública en salir en bikini en Venezuela. Eso fue un escándalo. También gané un concurso llamado Los labios más lindos de Venezuela. La gente decía que era una lástima que no tuviera unos centímetros más. Mido 1,60 metros.

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Tres imágenes que dan constancia de la belleza de Chumico Romero

Estas fotos desnuda y que no dejas de mirar me las hice en el Ávila, hace alrededor de tres años. Sigo teniendo un cuerpazo, solo que, por supuesto, ya tiene arrugas. Mantengo parte de mi cuerpo por mi raza. Sí, a mí me desnudaban los hombres con su mirada. Me hacían sentir deseada. El cuerpo humano es bello y hay que respetarlo. Yo me alimento de la manera más sana que pueda. Te voy a invitar a comer mangos de mi casa. Yo soy un ser humano libre. Como persona de ciudad me rebelo a que me quieran imponer un patrón político. Primero, no lo van a lograr. Tampoco acepto imposiciones religiosas. Me dejo llevar por lo que siento. Mi himno es el canto de los pájaros, mi bandera  es el arcoiris y mi país es el universo. Ahí están mis respuestas.

De mi etnia maquiritare conservo la paciencia, esa tranquilidad que viene de conocer la montaña, el río, ese saber diferenciar los sonidos de la naturaleza. No es lo mismo la brisa de muchos árboles, del río cuando te habla, a ese ruido de los carros, a la bulla de la gente. Esa paz que conozco de mi origen trato de preservarla. Yo vivo en la urbanización Santa Fe, no se parece  al pueblo maquiritare, pero hay muchos árboles. Soy católica y creo en la naturaleza. La naturaleza nos alimenta el cuerpo y el alma. Es hermoso cuando te levantas, donde sea, el lugar no importa, y no escuchas la imposición de la gente sino la naturaleza. Los animales no te imponen nada. Ellos te alimentan el espíritu con su alegría y, sobre todo, con su libertad.
Un día iba caminando por los pasillos de RCTV, donde trabajaba con Renny Ottolina, y un director llamado José Antonio Ferrara me comentó que tenía todo listo para grabar pero que su actriz había sufrido un accidente. Me hizo la propuesta, sin interesarle que nunca antes hubiese actuado. Solo le importaba que me quedara la ropa de Helena Naranjo, la actriz que no pudo llegar. Era un programa de comedia y aparentemente funcioné.

Chumico Romero: «Cuando me veía en pantalla, yo sentía que me faltaba formación. Renuncié a todo lo que había alcanzado para irme a estudiar a España. Me inscribí en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Allá estuve tres años».

Cuando me vine a Venezuela sentía que nadie me conocía. Aun así, me contrataron en el Canal 5 para hacer Urupagua. Era una historia venezolana. Mi personaje era entre dulce y amargo como esa fruta de Falcón.
Tiempo después, estaba en casa de la actriz Mahuampi Acosta y llamó el productor Arquímedes Rivero, a quien no conocía. Atendí y comenzó a echar bromas. Él es muy bromista. Cuando pegunté quién llamaba respondió que era el marido de Mahuampi.  Arquímedes le dijo a Mahuampi que quién era yo y que quería mi voz para la radio. Él supo que yo era una actriz, que acababa de regresar de España y que mi nombre era Chumico Romero. Ese día acompañé a Mahuampi a la emisora para su novela de radio y Arquímedes me dio unos libretos. Los actores de radio eran impresionantes, los guiones los colocaban al revés y podían leerlos sin dificultad, ante aquello, yo decidí competir pero en mi caso memorizando los parlamentos porque no podía hacer lo que ellos hacían. Sentí que era un ambiente de hostilidad y preferí la televisión.
¿Por qué no me eligieron para interpretar La waica en La loba? Porque había algo distinto para mí. Primero, ese personaje tenía la edad de la actriz Amelia Román, no mi edad. Y segundo, en esa misma telenovela yo interpreté a una india más joven llamada Zulay, que se bañaba desnuda en la piscina. Digo piscina, pero era el estudio de Venevision. En ese momento yo hacía dos telenovelas, Peregrina y La loba.
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Jamás encontré trabas por mi tipología. No de los ejecutivos. Con algunas actrices sí se plantearon competencias de vanidad femenina. Eso pasa mucho en el medio. Te diría que es normal. Supe de reclamos por tomas de cámaras que me privilegiaban. Con Lupita Ferrer trabajé muy bien. Es una gran amiga con quien coincidí en María Teresa, Mi hermana gemela, La zulianita. Es que yo trabajé en todas las novelas de Delia Fiallo.
En Rafaela hice la Romana, que le corta la cara a la Muñeca, que era Rosalba Martínez, el papel de Herminia Martínez. Yo era una de las trabajadoras del cabaret La machaca. Había una rivalidad entre ambos personajes y la Romana era muy violenta. ¿Tú te acuerdas que ella usaba peluca y se la quitaba y la lanzaba al piso y la pateaba? Fíjate, el día de la escena yo hice el corte en la  cara de Herminia de abajo hacia arriba. Como actriz me pareció que resultaba más impactante hacerlo de esa manera. Cuando el director nos da la orden, quedó grabada de una sola vez, sin repetirla. Recuerdo que en la telenovela el personaje Belén Martínez, un papel que hacía Caridad Canelón, visitaba por primera vez el bar para estrenarse como prostituta. Esa escena de violencia fue una de las utilizadas para promocionar Rafaela en el mercado internacional.

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Debutó en Venevision el 12 de diciembre de 1971, contratada por los humoristas Simón Díaz y Joselo.

A mí el medio artístico me lo ha dado todo. No tengo resentimientos con nadie. Me siento muy orgullosa de haber guiado el proceso actoral de Ruddy Rodríguez, el de su hermano, Romano Rodríguez, también a Eduardo Luna, que él mismo dice que ha sido mi mejor alumno, Gustavo Camacho, Reinaldo José, José Ángel Ávila y Alberto Gómez, el escritor. Para esa época, yo ayudaba a Enrique Benshimol con su escuela de formación, pero cuando murió, en 1983, estos alumnos quedaron sin su profesor y me buscaron para que los guiara. Fueron ellos quienes nombraron la institución con el nombre Real Escuela de Arte Dramático Chumico Romero. Funciona en la zona de Parque Central, pero todo aquello está destruido como todo el país, así que dicto mis talleres aquí donde estamos, en el teatro Chacaíto.

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La actriz en una imagen de la telenovela María Teresa

Yo soy defensora de las misses. Esas muchachas están mejor preparadas que cualquiera de nosotros en aquel momento. Son universitarias, tienen formación actoral y entrenamiento en dicción. Antes, muchos nos formábamos en el camino. Muchas misses son muy buenas aunque reconozco que a más de una les falta humildad para seguir aprendiendo, involucrarse más en lo que hacen, creer en lo que hacen.
Yo respeto la memoria de Hilda Carrero. Hilda era una muchacha a quien podías ver planchando ella misma la ropa de su personaje, acomodando todo para sus escenas, eligiendo los zarcillos que correspondieran, cuidaba los detalles. En Hilda Carrero había amor por su trabajo como actriz. Era de admirar. Eso que vi en Hilda no lo he visto en otra miss que se convirtiera en actriz. Yo en cambio era creída en todo y sigo siendo algo así.


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«Todo lo que se trata de imponer yo lo rechazo». (Foto: Daniela Valentina Leal)

Soy antirrevolución a muerte. Me tendrían que cambiar el cerebro para creer en ellos ¡Jamás! Siempre tuve conciencia de que la fama terminaba y que por eso debía ahorrar. Jamás he vivido alquilada. Ahorré para mi retiro, pero la crisis política de Venezuela me rompió lo que había planificado para mi vida. Todo lo que se trata de imponer yo lo rechazo.

Chumico Romero: «No me gustan las etiquetas. No entiendo de edades. Si quieres puedes escribir que tengo 200 años, lo único que te digo es que el papa es mayor que yo y es el papa».

Yo soy libre. Mi mamá me parió libre. Ella pasó nueve meses conmigo en la barriga y cuando ya yo era una niña consciente mi madre Sabina me dijo que la libertad me pertenecía y yo lo sigo creyendo. Esa convicción me ha hecho una persona feliz. Soy una mujer pura”.
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